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JUL

Antes de su vuelta a la Argentina


Publicada: 31-07-2019

Nunca esperé nada de la música



 

El músico uruguayo desembarca en nuestro país, se presentará en cuatro oportunidades en el Teatro Gran Rex y trae bajo el brazo su reciente y flamante disco “Salvavidas de hielo”.

por Carmen Elicabe en tn.com.ar

Con la sensibilidad y la transparencia que lo caracteriza, con el corazón, el amor por las palabras y la pasión por la expresión, Jorge Drexler conversó sobre las maravillas de los últimos meses, los desafíos, las decisiones, los deseos y lo que vendrá.

- Jorge, estás nuevamente de gira después de un 2018 agitado. Recorriste más de 80 ciudades y ahora estás nuevamente en la ruta. Son muchos años ya y me imagino que debes estar acostumbrado, pero me pregunto ¿Cómo vivís los tours a nivel personal? ¿Hay algo que haya cambiado, con los años, en tu percepción de este constante movimiento?

Cuando uno asume esta profesión también asume que va a tener que desplazarse para vivir. La época en que los músicos escribíamos canciones y con lo que se sacaba de la venta de los discos se podía vivir ya no existe, o solo como compositores ya no existe. Ahora somos 'saltimbanquis', tenemos que recorrer el mundo. A mí por suerte siempre me ha gustado recorrer el mundo con las canciones, hacer conciertos, de hecho lo inusual para mí sería haber vivido de los discos. Siempre fui un mal vendedor de discos y un gran viajero de canciones. Estoy acostumbrado, es parte de mi dinámica.

 

- ¿Cómo podrías definir a "Silente"? ¿Qué rol juega el silencio, aquél que le da nombre? Te escuché decir que el espectáculo tiene muchos componentes teatrales, performáticos…

 

Silente se denomina el show, es un espectáculo en las antípodas del último concierto que vine a dar. Es un show unipersonal, en vez de estar con una banda y con un grupo de personas. Es un show muy centrado en el diseño escenográfico, muy teatral, donde toda la escenografía es movida a mano por 3 personas que transitan escenario. No tenemos luces móviles automatizadas, no hay máquina de humo, ni proyector, ni luces led. Se evitan todos esos elementos que puedan interferir con el silencio extremo que manejamos como materia prima. El silencio es la materia prima de esta gira, en realidad lo es de todos los shows, solo que acá se vuelve más evidente. Es un concierto exigente con el público.

 

- Silente cambia el formato de tu última gira y te presenta solista ¿Cómo surge esta decisión, para muchos inesperada?

 

A mí me gusta moverme siempre de manera pendular. Si hice una gira de una manera me gusta hacerla de la contraria después. Para mantener mi interés vivo, para mantener el deseo, las ganas de tocar. Para no hacer justo lo que la gente espera que hagas. El deseo como energía motriz importantísima que es, se anula cuando es satisfecha, entonces esa tensión para mi hay que mantenerla de alguna manera, hay que mantenerse en el lado inesperado de la acción. Por eso también esos nombres que giran alrededor de un oxímoron, de una paradoja, como Salvavidas de hielo o un concierto que se llama “Silente”. Para mi está bien no hacer exactamente lo que se espera de uno si uno quiere mantener una relación a largo plazo con una persona o con un conjunto de personas, como es un público.

 

- En septiembre volvés a Buenos Aires, al querido Teatro Gran Rex ¿Qué significa para vos reencontrarte con tu público argentino? ¿Hay un afecto especial?

El público que tengo en Argentina tiene un grado de generosidad conmigo que nunca podré realmente retribuir. En su momento fue algo completamente inesperado para mí. Fue el principal punto de inflexión que tuve en mi carrera, con el disco Frontera. En ese momento yo ya llevaba Vaivén, Llueve, y Frontera, 3 discos lanzados en España, que habían pasado totalmente desapercibidos para el público español (risas). En Argentina (a Frontera) lo recibieron con los brazos abiertos y le prestaron una atención y un cariño que hasta el día de hoy me impresiona. Así que estaré siempre en deuda con el público argentino. Además es de los lugares donde convoco más gente, así que voy con mucha alegría, y con la enorme alegría no solo de tocar en el Gran Rex varios días seguidos, sino también el hecho de estar en Buenos Aires quieto, sin estar viajando todo el tiempo.

Me pone muy contento estar en la ciudad, tengo muchos amigos muy queridos en Buenos Aires. Y sé que es un momento convulso de la realidad argentina, es un momento difícil y por eso estoy aún más agradecido, el gesto de ir agotando una función atrás de la otra, me parece heroico en este momento en Argentina.

 

- Son muchos años de trayectoria y también de reconocimiento, ¿sentís que te queda alguna deuda pendiente con la música?

La verdad nunca tuve deudas pendientes con la música, ni ahora ni cuando estaba empezando, porque nunca esperé nada de la música. Cuando saqué mi primer disco, que vendió 33 copias en cassette, me pareció una maravilla. Y al siguiente, que vendí 100 copias, también me pareció increíble, porque había triplicado el anterior. Cuando fui a España tampoco vendía muchos discos al principio, pero me parecía maravilloso poder vivir de la música y haber logrado dedicarme a mi vocación. Nunca tuve ningún tipo de expectativa con la música, lo único que quería era juntar 10 canciones en “La luz que sabe robar”, el disco que saqué en 1992, y dejarlo en un estante al lado de los discos de Fernando Cabrera, para sentirme parte de una tradición de la canción uruguaya. Como nunca le he pedido nada nunca he sentido que me faltara nada ni que tuviera ninguna deuda conmigo.



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